Tu me acariciaste y otros cuentos
Tu me acariciaste y otros cuentos —¿Por qué no te coses esa manga? —dijo él sufriendo ante la visión de su piel suave.
—¿Dónde? —exclamó ella echando un vistazo—. TonterÃas —dijo al ver el agujero, y continuó secando las tazas con dedos ágiles.
La cocina era de buen tamaño pero oscura. Whiston sacó las cenizas frÃas.
De pronto se oyó una llamada en la puerta, al fondo del pasillo.
—Voy —exclamó la señora Whiston yendo hacia el vestÃbulo.
El cartero era un hombre rubicundo que habÃa sido soldado. Sonrió amablemente entregándole unos paquetes.
—No se olvidan de usted —comentó con imprudencia.
—No, suerte para ellos —le contestó sacudiendo la cabeza. Pero esa mañana sólo le interesaban los sobres. El cartero esperó, curioso, sonriendo de modo seductor. Lenta, abstraÃda, como si no supiera que habÃa alguien allÃ, le cerró la puerta en las narices mirando sin cesar los remites de sus cartas.
