A los que lloran la muerte de un ser querido
A los que lloran la muerte de un ser querido Todo esto quizás, sea nuevo para ti; y, porque es nuevo, te suena extraño y raro. Cuanto queda dicho, sin embargo, es susceptible de prueba y, efectivamente, ha sido puesto a prueba repetidas veces; pero si deseas estudiar esto, tienes que leer la literatura que trata del asunto, puesto que en un corto folleto, escrito con un propósito especial, tal como éste, tengo que limitarme a afirmar los hechos sin tratar de aducir las pruebas.
Podrías preguntar, quizás: ¿no se apenan los muertos por los que han dejado en el mundo físico? Efectivamente, algunas veces así sucede, y tal ansiedad demora su progreso; debemos tratar de evitarles hasta donde sea posible todo motivo de ella. El muerto debe librarse enteramente de todo pensamiento acerca de la vida que dejó atrás, para que pueda dedicarse por entero a la nueva existencia en la cual ha entrado. Por consiguiente, los que en el pasado han dependido de su consejo, deberían en adelante pensar por sí mismos, pues si continúa la liga mental con el fallecido, él reforzará sus lazos con el mundo terrestre. El cuidar a los hijos de un muerto resulta una acción especialmente meritoria, puesto que no solamente beneficia a los niños, sino que también alivia la ansiedad del difunto y lo ayuda en su ascenso.