Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —SÃ, sà —exclamó el joven, cuyo rostro se iluminó—. ¿Lo ha leÃdo usted?
—SÃ, muy bonitos sus versos…, muy bonitos… Solamente que ¿espera usted vivir con lo que le proporcionen sus versos?
—Ciertamente…, un dÃa u otro…
—Un dÃa u otro… será más bien el otro, ¿no es asÃ? Y mientras tanto, ¿viene usted a pedirme de qué vivir?
—De qué comer, señor.
Sernine le puso la mano sobre el hombro, y frÃamente le dijo:
—Los poetas no comen, señor. Se alimentan de rimas y de sueños. Hágalo asÃ. Eso vale más que tender la mano.
El joven se estremeció ante el insulto. Sin decir palabra, se dirigió hacia la puerta.
Sernine le detuvo, y le dijo:
—TodavÃa unas palabras, señor. ¿No tiene usted ni el menor recurso?
—Ni el más mÃnimo.
—¿Y no cuenta usted con nada?
—TodavÃa tengo una esperanza… Le he escrito a uno de mis parientes suplicándole que me envÃe algo. Hoy deberé recibir su respuesta. Es ya el último lÃmite.