Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 Al ver aproximarse al prÃncipe, los tres hombres huyeron.
—Huid, bandidos —dijo con sorna el prÃncipe—. Huid a toda prisa. Aquà llega el salvador.
Y se puso a perseguirlos. Pero una de las damas le suplicó:
—¡Oh! Caballero, yo se lo ruego…; mi amiga está enferma.
En efecto, la más pequeña de las paseantes estaba tendida sobre el césped desvanecida.
El prÃncipe volvió sobre sus pasos y dijo con muestras de inquietud:
—¿Acaso está herida?… ¿Es que esos miserables?…
—No…, no…, fue el miedo solamente…, la emoción… Y además…, usted comprenderá…, esta dama es la señora Kesselbach…
—¡Oh! —exclamó él.
El prÃncipe le entregó a la joven un frasco de sales que aquélla le hizo respirar a su amiga. Y el prÃncipe agregó:
—Levante usted la amatista que sirve de tapón… Hay una cajita y dentro de ésta unas pastillas. Que la señora tome una…, una solamente…, es muy fuerte…