Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 Con el puño, Sernine golpeó contra una pequeña puerta.
Apareció un mozo de hotel. Era Felipe, aquel mismo a quien por la mañana Sernine habÃa dado órdenes con respecto a Gerardo Baupré.
—¿Está todavÃa aquÃ?
—SÃ.
—¿Y la cuerda?
—El nudo ya está hecho.
—¿No ha recibido el telegrama que esperaba?
—Helo aquÃ. Yo lo intercepté.
Sernine cogió el papel azul y lo leyó.
—¡Caray! —dijo con satisfacción—. Ya era hora. Le anunciaban para mañana un billete de mil francos. Vamos, la suerte me favorece. Las doce menos cuarto de la noche. Dentro de un cuarto de hora, ese pobre diablo se arrojará a la eternidad. Lléveme, Felipe. Quédate ahÃ, Doctor.
El mozo tomó la lámpara. Subieron al tercer piso y luego siguieron caminando de puntillas por un pasillo de techo bajo y maloliente, lleno de buhardillas y que desembocaba en una escalera de madera donde se enmohecÃan los últimos vestigios de una alfombra.
—¿Nadie podrá oÃrme? —preguntó Sernine.
—Nadie. Las dos habitaciones están aisladas. Pero no se equivoque; él se encuentra en la de la izquierda.