Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —Bien. Ahora vuelve a bajar. A medianoche, el Doctor, Octavio y tú cargaréis el individuo y lo traeréis a donde nos encontramos, y luego esperaréis.
La escalera de madera tenÃa diez peldaños que el prÃncipe subió con infinitas precauciones… En lo alto, un descansillo y dos puertas… Sernine precisó más de cinco minutos para abrir la puerta de la derecha sin que produjera chirrido alguno que rompiera el silencio imperante.
En la sombra del cuarto brillaba una luz. A tientas, para no tropezar con una de las sillas, se dirigió hacia aquella luz. Ésta provenÃa del cuarto vecino y se filtraba a través de una puerta de cristales que estaba cubierta por un trozo de tapicerÃa.
El prÃncipe apartó el tapiz. Los cristales de la puerta estaban sucios, estropeados, rayados en algunos lugares, de manera que aplicando un ojo se podÃa ver fácilmente todo cuanto ocurrÃa en el otro cuarto.
Allà se encontraba un hombre de cara a la puerta de cristales, sentado ante una mesa. Era el poeta Gerardo Baupré.
EscribÃa a la luz de una lámpara.
Por encima de él pendÃa una cuerda, que estaba sujeta a un gancho fijado al techo. En el extremo inferior de la cuerda habÃa un redondeado nudo corredizo.
En un reloj de la ciudad sonó una ligera campanada.