Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 «La medianoche menos cinco minutos —pensó Sernine—. TodavÃa cinco minutos más».
El joven continuaba escribiendo. Al cabo de un instante dejó la pluma sobre la mesa, puso en orden las diez o doce hojas de papel que habÃa ennegrecido de tinta y se puso a releerlas.
La lectura no pareció agradarle, pues una expresión de descontento asomó a su rostro. Rasgó el manuscrito y quemó los pedazos en la llama de la lámpara.
Luego, con mano febril, trazó algunas palabras sobre otra hoja de papel, firmó bruscamente y se levantó de la silla.
Pero habiendo visto la cuerda a diez pulgadas por encima de su cabeza, se sentó de súbito, experimentando un estremecimiento de espanto.
Sernine veÃa claramente su pálido rostro y sus flacas mejillas, contra las cuales apretaba sus puños crispados. Una lágrima rodó por su cara…, una sola, lenta y desolada. Sus ojos estaban fijos en el vacÃo, unos ojos espantosos de tristeza y que ya parecÃan divisar la temible nada. ¡Y era un rostro tan joven! ¡Unas mejillas tan tiernas todavÃa y que ninguna cicatriz habÃa marcado aún! Y unos ojos azules, de un azul de cielo oriental…
Medianoche…, las doce campanadas trágicas de la medianoche, a las cuales tantos desesperados han enganchado el último segundo de su existencia.