Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 Los otros salieron. Transcurrió una hora, dos horas…
De pronto, el señor Lenormand sintió que le tocaban. Era Gourel, quien le dijo:
—Levántese, jefe. Han abierto la barrera.
—¿Un hombre, dos hombres?
—Yo no he visto más que uno… La luna apareció en ese instante…, está agachado detrás de un macizo.
—¿Y los hermanos Doudeville?
—Los he mandado afuera por la puerta de atrás. Ellos le cortarán la retirada cuando llegue el momento.
Gourel agarró de la mano al señor Lenormand y le condujo abajo y luego a una habitación oscura.
—No se mueva usted, jefe. Estamos en el cuarto tocador de Pedro Leduc. Yo voy a abrir la puerta de la alcoba donde él duerme… No tema nada… ha tomado su veronal, como todas las noches, para dormir…; nada le despertará… Venga… ¡Eh! El escondrijo es bueno…, son las cortinas de su cama… Desde aquÃ, usted ve la ventana y todo el lado de la habitación que va desde la cama hasta la ventana.
Aquella ventana estaba completamente abierta y penetraba una confusa claridad, muy precisa por momentos, cuando la luna apartaba el velo de las nubes.