Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 El jefe de Seguridad tuvo la sensación de que oía la respiración de aquel ser y hasta que adivinaba sus ojos, sus dos ojos chispeantes, agudos, que taladraban las tinieblas, como destellos de fuego y que veían a través de aquellas tinieblas.
Pedro Leduc lanzó un profundo suspiro y se volvió en la cama.
De nuevo imperó el silencio.
El individuo se había deslizado a lo largo de la cama mediante movimientos insensibles y su silueta, como una sombra, se destacaba sobre la blancura de las sábanas de la cama que colgaban.
Si el señor Lenormand hubiera alargado el brazo, hubiera tocado aquella respiración nueva que alternaba con la del durmiente y sintió como la ilusión de que percibía también el ruido de un corazón que latía.
De pronto surgió un chorro de luz… El individuo había apretado el resorte de una linterna eléctrica con proyector, y Pedro Leduc se encontró con el rostro iluminado por completo. Pero el individuo se mantenía en las sombras, y el señor Lenormand no podía verle la cara.