Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —¡Ah, quĂ© contento estoy!… ¡Por fin!… Yo creĂa ya que jamás… Estaba sorprendido… Allá no recibĂa noticias…, ningĂşn telegrama… ÂżY cĂłmo se encuentra el bueno de Rodolfo Kesselbach?
La joven señora hizo ademán de retroceder, cual si hubiera recibido un golpe en pleno rostro, y fulminantemente se desplomó sobre una silla, rompiendo en llanto.
—Pero ¿qué?… ¿Qué ocurre?… —preguntó Steinweg.
El señor Lenormand se interpuso en seguida entre ellos, y dijo:
—Ya veo, señor, que usted ignora ciertos acontecimientos que han ocurrido recientemente. ¿Hace mucho tiempo que se encuentra usted en viaje?
—SĂ, tres meses… HabĂa subido hasta las minas. Luego volvĂ a Ciudad de El Cabo, desde donde le escribĂ a Rodolfo. Pero en el camino aceptĂ© un empleo en Port Said. ÂżMe supongo que Rodolfo recibiĂł mi carta?…
—Se encuentra ausente. Yo explicaré a usted las razones de su ausencia. Pero, antes que nada, hay un punto sobre el cual quisiéramos que nos diera usted algunos informes. Se trata de un personaje que usted ha conocido y al que en las relaciones de usted con el señor Kesselbach, usted designaba con el nombre de Pedro Leduc.
—¡Pedro Leduc! ¡Cómo! ¿Quién le ha dicho a usted…?