Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 El hombre reaccionó vivamente, y replicó:
—Yo no puedo decirlo…, no puedo decirlo…
—Pero ¿por qué?
—Porque no tengo derecho a hacerlo. Todo el secreto depende de eso. Mas ese secreto, cuando yo se lo comuniqué a Rodolfo, él le atribuyó la máxima importancia…, tanto, que me dio una fuerte suma de dinero para comprar mi silencio y me prometió una fortuna, una verdadera fortuna el dÃa en que lograra: primero, encontrar a Pedro Leduc, y segundo, sacar partido de ese secreto.
El anciano sonrió con amargura, y añadió:
—La fuerte suma de dinero se ha esfumado, se ha perdido. Y ahora, yo venÃa a saber noticias de mi otra fortuna esperada.
—El señor Kesselbach ha muerto —le anunció el jefe de Seguridad.
Steinweg tuvo un sobresalto, y exclamó:
—¡Muerto! Pero ¿es posible? No, no, eso es una trampa. Señora Kesselbach, ¿es eso cierto?
Ella bajó la cabeza.
Steinweg pareció abrumado por la revelación imprevista, y tan dolorosa debió de resultar para él, que se echó a llorar.
—¡Mi pobre Rodolfo! Yo le conocÃa desde pequeñito…, venÃa a jugar a mi casa de Augsburgo… Yo le querÃa mucho…