Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —Una mujer. Una mujer sin sombrero; como si dijéramos una sirvienta…, y bonita, y, al parecer, pelirroja.
—¿Eh? ¿Qué dices tú…, que ella era pelirroja?
—SÃ.
El señor Lenormand se volvió repentinamente, bajó las escaleras de cuatro en cuatro, atravesó los patios y desembocó en el muelle de Orfévres.
—¡Alto! —gritó.
Una victoria de dos caballos se alejaba. Era el coche de la señora Kesselbach. El cochero oyó la orden y se detuvo. Ya el señor Lenormand habÃa subido en el estribo y decÃa:
—Mil perdones, señora, pero su ayuda me es indispensable. Le pedirÃa a usted permiso para acompañarla…, pero necesitamos actuar rápidamente.
Y volviéndose a Gourel, que le seguÃa, le dijo:
—Gourel, mi auto… ¿Lo despediste?… Entonces consigue otro, no importa cuál…
Cada cual corrió por su lado. Pero transcurrieron media docena de minutos antes de conseguir un auto de alquiler. El señor Lenormand hervÃa de impaciencia. En pie sobre la acera, la señora Kesselbach se bamboleaba con el frasco de sales en la mano.
Al fin se instalaron dentro del auto.