Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —Una de ellas es pelirroja, ¿verdad?
—SÃ, Gertrudis.
—¿La conoce usted desde hace mucho tiempo?
—Su hermana ha estado a mi servicio desde hace mucho tiempo…, y Gertrudis está en mi casa desde hace años… Es la dedicación personificada, la probidad…
—En una palabra: ¿usted responde por ella?
—¡Oh, absolutamente!
—Tanto mejor…, tanto mejor…
Eran las siete y media y la luz del dÃa comenzaba a atenuarse cuando el automóvil llegó delante de la residencia del Retiro. Sin preocuparse por su compañera, el jefe de la Seguridad se precipitó a la porterÃa de la institución. Allà preguntó:
—La sirvienta de la señora Kesselbach acaba de llegar a casa, ¿no es eso?
—¿Quién dice usted? ¿Qué sirvienta?
—SÃ, Gertrudis, una de las dos hermanas.
—Pero Gertrudis no debe de haber salido, señor; nosotros no la vimos salir.
—Sin embargo, alguien acaba de regresar.
—¡Oh, no señor! Nosotros no le hemos abierto la puerta a nadie desde…, desde las seis de la tarde.
—¿Y no hay más salida que esta puerta?
—Ninguna. Los muros rodean la finca por todas partes, y son altos…