Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —Señora Kesselbach —dijo Lenormand—, nosotros iremos a su pabellón.
Se dirigieron allà los tres. La señora Kesselbach, que no tenÃa llave, tocó el timbre. Fue Susana, la otra hermana, quien abrió.
—¿Gertrudis está en casa? —preguntó la señora Kesselbach.
—SÃ, señora, está en su habitación.
—DÃgale que venga, señorita —ordenó el jefe de Seguridad.
Al cabo de unos instantes bajó Gertrudis, atractiva y graciosa, con su delantal blanco adornado con bordados. TenÃa un rostro bastante bonito, en efecto, encuadrado de cabellos rojos.
El señor Lenormand la observó largo tiempo sin decir nada, cual si tratara de penetrar más allá de aquellos ojos inocentes. No la interrogó. Al cabo de un rato dijo simplemente:
—Está bien, señorita. Le doy a usted las gracias. Vamos, Gourel.
Salió acompañado del brigadier, e inmediatamente, siguiendo las sombrÃas avenidas del jardÃn, le dijo:
—Es ella.
—¿Cree usted, jefe? ¡Tiene un aire tan suave!