Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —Sea —dijo Gourel—, pero hay una cosa inexplicable. ¿Cómo pudo salir Gertrudis de este jardÃn donde nos encontramos y luego volver a entrar sin que se enteraran los porteros?
—Por algún pasadizo secreto que esos bandidos han debido de construir recientemente.
—Y que, sin duda —contestó Gourel—, desembocará en el pabellón de la señora Kesselbach.
—SÃ…, quizá… —dijo el señor Lenormand—. Quizá… Pero yo tengo otra idea…
Siguieron la lÃnea de los muros. La noche estaba clara, y aun cuando no se podÃan discernir sus siluetas, ellos sà veÃan lo suficiente para ir examinando a su paso las piezas de los muros y para descubrir alguna brecha en ellas, por muy hábilmente que hubiese sido practicada.
—¿UtilizarÃa una escala, quizá? —insinuó Gourel.
—No, puesto que Gertrudis sale en pleno dÃa. Un medio de comunicación de ese género no puede evidentemente dar al lado de fuera. Es preciso que el agujero esté oculto por alguna construcción ya existente.
—No hay más que los cuatro pabellones —objetó Gourel—, y los cuatro están habitados.
—Perdón, el tercer pabellón, el llamado pabellón Hortensia, no está habitado.
—¿Quién se lo dijo a usted?