Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —La portera. Por temor al ruido, la señora Kesselbach ha alquilado ese pabellón, que está próximo al suyo. ¿Quién sabe si al proceder asà lo hizo bajo la influencia de Gertrudis?
Dio vuelta a la casa. Las contraventanas estaban cerradas. Jugándose el todo por el todo levantó el postigo de la puerta: y la puerta se abrió.
—¡Ah, Gourel! Creo que hemos acertado. Entremos. Enciende tu linterna… ¡Oh! El vestÃbulo, el salón, el comedor…, todo inútil. Debe de haber un sótano, ya que la cocina no está en este piso.
—Por aquÃ, jefe…, aquà está la escalera de servicio.
Bajaron, en efecto, hasta una cocina bastante amplia y repleta de sillas de jardÃn y de sillones de mimbre. Un lavadero, que servÃa también de bodega, presentaba el mismo desorden de objetos amontonados unos sobre otros.
—¿Qué es lo que brilla ahÃ, jefe?
Agachándose, Gourel recogió del suelo un alfiler de cobre con la cabeza con una perla falsa.
—La perla está aún completamente brillante —dijo Lenormand—, y no lo hubiera estado si llevara mucho tiempo en esta cueva. Gertrudis ha pasado por aquÃ, Gourel.
Gourel se puso a deshacer un montón de barriles, de cajas y de viejas mesas cojas.