Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 Avanzaron con precaución para no chocar contra algunos de los postes del subterráneo, cuya solidez no parecÃa a toda prueba. A primera vista, la extensión del túnel era muy superior a los cincuenta metros, cuando más, que separaban en el exterior el pabellón del extremo del jardÃn. Por consiguiente, el subterráneo debÃa de llegar bastante más lejos de los muros y más allá de un camino que bordeaba la finca.
—¿Por aquà no vamos por el lado de Villeneuve y del estanque? —preguntó Gourel.
—En absoluto. Todo lo contrario —afirmó Lenormand.
La galerÃa bajaba en suave pendiente. Apareció un peldaño, luego otro y luego se doblaba a la derecha. En ese momento tropezaron con una puerta que estaba encajada en un rectángulo de morillo cuidadosamente cimentado. El señor Lenormand empujó la puerta y ésta se abrió.
—Un segundo, Gourel —dijo deteniéndose—. Reflexionemos… Quizá serÃa mejor que regresáramos.
—¿Y por qué?