Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —Hay que pensar que Ribeira ha previsto el peligro y hay que suponer que ha tomado precauciones para el caso de que el subterráneo fuese descubierto. Y él sabe que nosotros anduvimos huroneando en el jardÃn. Sin duda, nos ha visto entrar en este pabellón. ¿Quién nos asegura que él no esté ahora tendiéndonos una trampa?
—Somos dos, jefe.
—¿Y ellos no serán veinte?
Observó. El subterráneo ascendÃa y se dirigió hacia la otra puerta, distante cinco o seis metros.
—Lleguemos hasta aquà —dijo— y ya veremos.
Pasó, seguido de Gourel, al cual recomendó que dejara la puerta abierta, y avanzó hacia la otra con la idea firme de no ir más allá. Pero aquella puerta estaba cerrada, y aunque la cerradura parecÃa funcionar, no consiguió abrirla.
—Está echado el cerrojo por el otro lado. No hagamos ruido y regresemos. Una vez fuera estableceremos, conforme a la orientación de este subterráneo, la lÃnea sobre la cual habrá que buscar la otra salida del mismo.
Regresaron por el mismo camino hacia la primera puerta, cuando Gourel, que iba al frente, lanzó una exclamación de sorpresa.
—Mire, la puerta está cerrada…