Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —NecesitarÃamos un hacha —dijo el jefe de Seguridad— o cuando menos un buen instrumento…, incluso un cuchillo, con el cual intentarÃamos cortar el lugar probable donde se encuentra el cerrojo… Pero no tenemos nada.
Sufrió un acceso de rabia repentino y se lanzó con el cuerpo contra el obstáculo como si esperara derribarlo. Luego, impotente, vencido, le dijo a Gourel:
—Escucha, ya trataremos de esto dentro de una o dos horas… Estoy cansado…, voy a dormir… Tú vela durante ese tiempo… Y si vinieran a atacarnos…
—¡Ah! Si vinieran estábamos salvados, jefe… exclamó Gourel como un hombre a quien hubiera aliviado la batalla, por desigual que ésta fuese.
El señor Lenormand se acostó en el suelo. Al cabo de un minuto dormÃa.
Cuando se despertó permaneció unos instantes indeciso, sin comprender, preguntándose qué clase de sufrimiento era el que lo atormentaba.
—¡Gourel! —llamó—. ¡Gourel!
Al no obtener respuesta hizo funcionar el resorte de su linterna y vio a su lado a Gourel, que dormÃa profundamente.
«¿Por qué siento estos dolores? —pensaba—. ¿Estos retortijones?… ¡Ah! Ya sé…, es hambre, sencillamente…, me muero de hambre. Entonces, ¿qué hora es?».