Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —Jefe…, jefe… —balbució Gourel con voz entrecortada.
—¿Qué pasa?
—Tiene usted los pies metidos en el agua.
—¡Vamos! Pues es verdad… ¿Y qué quieres?… Nos secaremos al sol…
—Pero ¿no ve usted?
—¿Qué?
—Que está subiendo, jefe, que está subiendo…
—¿Qué es lo que sube?
—El agua…
El señor Lenormand sintió un escalofrÃo que le corrió por la piel. De repente, comprendió. No eran filtraciones fortuitas, sino una inundación hábilmente preparada y que se producÃa mecánicamente, en forma irresistible, gracias a algún sistema infernal.
—¡Ah, el canalla! —gruñó—. ¡Cómo alguna vez le eche la mano…!
—SÃ, sÃ, jefe; pero primero tenemos que salir de aquÃ, y para mÃ…
Gourel parecÃa completamente abatido, incapaz de tener una idea o proponer un plan.
El señor Lenormand se habÃa arrodillado sobre el suelo y medÃa la velocidad con que el agua se elevaba. Una cuarta parte de la primera puerta estaba ya cubierta, y el agua avanzaba a media distancia de la segunda.