Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 Pegado a la segunda puerta, examinó de arriba abajo todos los rincones. Había de este lado un cerrojo, como seguramente había otro del otro lado. Un cerrojo enorme. Con la hoja de su navaja quitó el tornillo y el cerrojo se desprendió.
—¿Y ahora? —preguntó Gourel.
—Ahora… este cerrojo es de hierro, bastante largo, casi puntiagudo… Cierto que no vale tanto como un pico, pero, a pesar de eso, mejor es esto que nada, y…
Sin terminar la frase hundió el instrumento en la pared de la galería, un poco antes del pilar de albañilería que sostenía los goznes de la puerta. Esperaba que una vez atravesada la primera capa de cemento y de piedras encontraría tierra blanda.
—Manos a la obra —exclamó.
—Yo estoy dispuesto, pero explíqueme usted…
—Es bien sencillo. Se trata de excavar en torno a este pilar un pasadizo de tres o cuatro metros de largo que comunique con el túnel más allá de la puerta y que nos permita escapar.
—Pero harán falta horas, y durante ese tiempo el agua sigue subiendo.
—Alúmbrame, Gourel.