Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 La idea del señor Lenormand era acertada, y con un poco de esfuerzo, cavando hacia él y haciendo caer en el túnel la tierra que atacaba con el instrumento, no tardó en abrir un agujero bastante grande para deslizarse por él.
—Ahora me toca a mÃ, jefe —dijo Gourel.
—¡Ah, ah! ¿Vuelves a la vida? Pues bien: trabaja. No tienes más que cavar en torno del pilar.
En ese momento el agua les llegaba a los tobillos. ¿Les darÃa tiempo a terminar la obra que habÃan comenzado? A medida que avanzaban se les hacÃa más difÃcil el trabajo, a causa de que la tierra que habÃan quitado les estorbaba cada vez más, y tendidos boca abajo en el pasadizo se veÃan obligados a cada instante a retirar para atrás los escombros que lo obstruÃan.
Al cabo de dos horas, el trabajo estaba terminado en sus tres cuartas partes, pero el agua les cubrÃa las piernas. TodavÃa una hora más y el agua llenarÃa el agujero que ellos habÃan hecho.
Y entonces serÃa el fin.
Gourel, agotado por la falta de alimentos, y siendo de fuerte corpulencia para ir y venir dentro de aquel pasillo cada vez más estrecho, tuvo que renunciar. Ya no se movÃa, y temblaba de angustia al sentir aquella agua helada que lo iba envolviendo poco a poco.