Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —Hasta mañana en tu casa. ¿A qué hora?
—A la una de la tarde.
—Allà estaré. Mis respetos.
Iban ya a separarse cuando Altenheim se detuvo y dijo:
—¡Ah! Una palabra todavÃa, prÃncipe. Lleva tus armas.
—¿Por qué?
—Yo tengo cuatro criados y tú estarás solo.
—Tengo mis puños —replicó Sernine—. La partida estará igualada.
Le volvió la espalda y luego, llamándole de nuevo, le dijo:
—¡Ah! Una palabra todavÃa, barón. Contrata otros cuatro criados.
—¿Por qué?
—Lo he pensado. Yo iré con mi látigo.
* * *
A la una en punto, un jinete penetraba por la puerta de la Villa Dupont, pacÃfica mansión provinciana cuya única salida da a la calle Pergolése, a dos pasos de la avenida del Bosque.
La bordean jardines y bellos hoteles. Y al extremo está cerrada por una especie de pequeño parque donde se alza una mansión grande y antigua a cuya orilla pasa la vÃa del ferrocarril de circunvalación.