Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 Era allÃ, en el número 29, donde vivÃa el barón Altenheim.
Sernine le arrojó las bridas de su caballo a un lacayo al que habÃa enviado allà antes y le dijo:
—Volverás a traérmelo a las dos y media.
—Llamó en la puerta del jardÃn, y cuando ésta fue abierta se dirigió hacia la escalinata, donde le esperaban dos hombres corpulentos vestidos con librea, que lo hicieron pasar a un inmenso vestÃbulo de piedra, frÃo y sin el menor ornamento. La puerta se cerró tras él con pesado ruido, y aunque era mucho su valor indomable, no pudo menos de experimentar una desagradable impresión por sentirse solo, rodeado de enemigos y en aquella cárcel aislada.
—Anuncien ustedes al prÃncipe Sernine —les dijo.
El salón estaba contiguo y le hicieron entrar allà inmediatamente.
—¡Ah! Aquà está, mi querido prÃncipe —dijo el barón viniendo a su encuentro—. Pues bien…, imagÃnese usted… Domingo, el almuerzo dentro de veinte minutos… De aquà a entonces que nos dejen solos… ImagÃnese usted, mi querido prÃncipe, que yo ya no creÃa mucho que usted me visitara.
—¡Ah! ¿Por qué?
—¡Caramba! Su declaración de guerra esta mañana es tan clara, que toda entrevista resulta inútil.