Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —DÃgame, prÃncipe, ¿es asà como usted penetra en las viviendas particulares? Me va usted a obligar a acudir a los gendarmes, querido.
Sernine le agarró por la garganta y le derribó sobre una banqueta, al propio tiempo que le decÃa:
—Genoveva… ¿Dónde está Genoveva? ¡Si tú no me dices lo que has hecho de ella, miserable…!
—Te ruego que te des cuenta de que me cortas la palabra —tartamudeó el barón.
Sernine le soltó, y dijo:
—Al grano… Y pronto… Responde… ¿Dónde está Genoveva?
—Hay una cosa —replicó el barón— que es mucho más urgente, sobre todo cuando se trata de hombres de nuestra especie, y es el estar como en nuestra propia casa…
Y cuidadosamente cerró la puerta, que reforzó con cerrojos. Luego llevó a Sernine al salón vecino, un salón sin muebles y sin cortinas y le dijo:
—Ahora me tienes a tu disposición. ¿En qué te puedo servir, prÃncipe?
—¡Genoveva!
—Se encuentra perfectamente.
—¡Ah! ¿Entonces, tú confiesas…?
—¡Pardiez! Incluso te diré que tu imprudencia a ese respecto me ha asombrado. ¿Cómo no tomaste algunas precauciones? Era inevitable…