Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 El grito provenía del lado de la trampa. Y de pronto recordó que había dejado esa trampa abierta cuando tuvo la intención de volver a subir a la villa Glycines. Se apresuró a regresar y cruzó la primera puerta. En el camino, apagada la linterna, sintió un rumor extraño…, alguien que rozaba el suelo con sus rodillas, alguien que se escurría a lo largo del muro. E inmediatamente tuvo la impresión de que aquel ser desaparecía, se desvanecía sin saber por dónde. En ese instante tropezó con un peldaño.
«Aquí está la salida —pensó—. La segunda salida por donde pasa él».
Arriba volvió a sonar el grito que antes había escuchado, pero ahora más débil, seguido de gemidos, de estertores… Subió la escalera corriendo, desembocó en la sala baja y se precipitó sobre el barón. Altenheim agonizaba con la garganta ensangrentada. Sus ligaduras estaban cortadas, pero los alambres que sujetaban sus puños y sus tobillos continuaban intactos. No pudiendo liberarle, su cómplice le había degollado.
Sernine contemplaba con espanto aquel espectáculo. Le corría por el cuerpo un sudor helado. Pensaba en Genoveva prisionera, sin auxilio, pues el barón era el único que conocía el lugar donde estaba encarcelada.