Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 Oyó claramente que los agentes abrÃan la pequeña puerta falsa del vestÃbulo. Y claramente también los oyó que bajaban la escalera de servicio. Ya no estaba separado de ellos más que por una puerta: la de la sala baja donde se encontraba. Le echó a ésta el cerrojo en el mismo momento en que los investigadores empuñaban la manilla. La trampa estaba abierta a su lado… Era la única salvación posible, pues quedaba todavÃa la segunda salida.
«No —se dijo—. Primero, Genoveva. Después, si tengo tiempo, ya pensaré en mÃ…».
Y arrodillándose, colocó la mano sobre el pecho del barón. El corazón palpitaba todavÃa. Se inclinó más, y le dijo:
—Me oyes, ¿no es as�
Los párpados se movieron débilmente.
HabÃa aún un soplo de vida en el moribundo. ¿De aquella semejanza de existencia se podrÃa obtener algo?
La puerta, última trinchera, fue atacada por los agentes. Sernine murmuró:
—Yo te salvaré… Tengo remedios infalibles… Solamente una palabra… ¿Genoveva?…
Se hubiera dicho que esa palabra de esperanza le daba fuerzas. Altenheim trató de decir algo.