Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 Hizo frente a los agentes que retrocedieron con temor instintivo.
—Si te mueves, Lupin —gritó el señor Weber empuñando su arma—, te quemo.
—No tire —dijo Sernine gravemente—. Es inútil, me rindo.
—¡Cuentos! Es un truco más de los tuyos…
—No —dijo Sernine—. La batalla está perdida. No tiene derecho a tirar. Yo no me defiendo.
Sacó dos revólveres, los mostró y los arrojó al suelo.
—¡Cuentos! —volvió a decir Weber, implacable—. Directo al corazón, muchachos. Al menor ademán, fuego. A la menor palabra, fuego.
Diez hombres estaban allÃ. Puso de guardia quince. Y dirigÃa los quince brazos contra el blanco. Y rabioso, temblando de alegrÃa y de temor, rechinaba:
—¡Al corazón! ¡A la cabeza! ¡Y nada de compasión! Si se mueve, si habla… fuego a bocajarro.
Con las manos en los bolsillos, impasible, Sernine sonreÃa. A dos pulgadas de sus sienes la muerte le acechaba. Los dedos estaban crispados sobre los gatillos.
—¡Ah! —dijo con sarcasmo el señor Weber—. Da gusto ver esto… Y me imagino que esta vez hemos ganado la partida y de mala manera para ti, Lupin.