Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —Es inútil que se quiebre usted la cabeza, señor director. Un hombre como yo, que lleva la vida que yo llevo, está siempre preparado para todas las eventualidades y ninguna desventura, por penosa que sea, le puede sorprender desprevenido, ni siquiera cuando se halla encarcelado.
Tomó entre el pulgar y el Ãndice de la mano derecha el dedo medio de la mano izquierda, lo arrancó con un golpe seco y se lo presentó tranquilamente al señor Borély.
—No se sobresalte usted, señor director. Éste no es mi dedo, sino un simple tubo de tripa de buey, artÃsticamente coloreado y que se ajusta exactamente a mi dedo medio, de manera que produce la ilusión de un dedo real.
Y agregó, riendo:
—Y de esta manera, bien entendido, se puede disimular un tercer billete de cien francos… ¿Qué quiere usted? Cada cual tiene el portamonedas que puede…, y es preciso aprovecharse…
Se detuvo al observar la expresión desconcertada del señor Borély.