Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 * * *
Igual que las otras veces, después de volver a su celda, Lupin se acostó y, bostezando, se puso a pensar:
«En el fondo, nada resulta más práctico para desarrollar mis asuntos que esta forma de vida. Cada dÃa doy un golpecito con el pulgar que pone en marcha toda la maquinaria, y sólo me queda tener paciencia hasta el dÃa siguiente. Los acontecimientos se producen por sà mismos. ¡Qué descanso para un hombre tan agobiado!».
Y volviéndose de cara a la pared, continuó:
«Steinweg, si amas la vida, no te mueras todavÃa. Te pido un poquito de buena voluntad. Haz como yo: duerme».
Excepto a la hora de la comida, Lupin durmió de nuevo hasta la mañana siguiente. Solamente se despertó al oÃr ruido de cerraduras y cerrojos.
—Levántese —le dijo el carcelero—. VÃstase… Hay prisa.
El señor Weber y sus hombres le recibieron en el pasillo y le llevaron a un automóvil.
—Chófer, al veintinueve de la villa Dupont —dijo Lupin al subir al vehÃculo—. Y rápido.
—¡Ah! Entonces, ¿ya sabe usted que vamos all� —le dijo el subjefe.