Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —Y la suerte de Europa, que nosotros estamos discutiendo, ¿qué hace usted con ella?
Se volvió hacia el anciano y añadió:
—De modo que tú no pudiste entrar en el castillo.
—No.
—Pero tú estás persuadido de que los famosos documentos están ocultos allÃ.
—¡Caramba!, ¿no le he dado a usted ya todas las pruebas? ¿No está convencido?
—SÃ, sà —murmuró Lupin—. Es allà donde están ocultos… No hay duda de ello… Es allà donde están ocultos.
Le parecÃa ver el castillo y evocar el misterioso escondite. La visión de un tesoro inagotable, la evocación de cofres repletos de piedras preciosas y de riquezas no le hubiera emocionado más que la imagen de aquellos pedazos de papel sobre los cuales velaba la guardia del Kaiser. ¡Qué maravillosa conquista a emprender! ¡Y cuán digna de él! Y en qué forma, una vez más, habÃa dado pruebas de clarividencia y de intuición, al lanzarse al azar sobre aquella pista desconocida.
Afuera estaban trabajando en la cerradura.
Le preguntó al viejo Steinweg:
—¿De qué murió el gran duque?