Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 Se sentía irrevocablemente solo, con sus manos impotentes, una voluntad impotente y un cerebro impotente. El hecho de que fuese hábil, ingenioso, intrépido, heroico, todo ello no servía de nada. La lucha proseguía al margen de él. Ahora su papel había terminado. Había reunido todas las piezas y tendido todos los resortes de la gran máquina que debía producir, que debía de algún modo crear en forma mecánica su libertad; mas era imposible realizar ningún movimiento para perfeccionar y vigilar su obra. En una fecha fija tendría lugar el desenlace. De aquí allá podían surgir mil incidentes contrarios, levantarse mil obstáculos, sin que él tuviera ningún medio de combatir aquellos incidentes ni de allanar esos obstáculos.
Lupin conoció entonces las horas más dolorosas de su vida. Dudó de sí mismo. Se preguntó si su existencia no acabaría enterrándose en los horrores del presidio.
¿No se habría equivocado en sus cálculos? ¿Acaso no era infantil creer que en una fecha fija se produciría el acontecimiento liberador?
«¡Locura! —se decía—. Mi razonamiento es falso… ¿Cómo admitir semejante coincidencia de circunstancias? Sobrevendría algún pequeño hecho que lo destruiría todo… El grano de arena…».