Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 La muerte de Steinweg y la desaparición de los documentos que el anciano debería haberle enviado, no le turbaban en absoluto. En cuanto a los documentos le hubiera sido posible, en último extremo, prescindir de ellos, y con las pocas palabras que le había dicho Steinweg, podría, a fuerza de adivinar y de genio, reconstruir lo que contenían las cartas del emperador y trazar el plan de batalla que le proporcionaría la victoria. Pero pensaba en Herlock Sholmes, que estaba allá, en el propio centro del campo de batalla y que buscaba y encontraría las cartas, demoliendo así el edificio tan pacientemente levantado por Lupin.
E igualmente pensaba en el Otro, en el enemigo implacable, emboscado en torno a la prisión, oculto, quizá, en aquélla, y que adivinaba sus planes más secretos, incluso antes que hubiesen florecido en el misterio de su pensamiento.
Pasó el 17 de agosto…, el 18…, el 19… Todavía pasaron dos días más… Fueron como dos siglos. ¡Qué interminables minutos! Tan tranquilo de ordinario, tan dueño de sí, dotado de tanto ingenio para divertirse, Lupin se sentía ahora febril, exuberante por momentos y deprimido en otros, sin fuerzas para luchar contra el enemigo, desconfiando de todos, víctima de la dejadez.
Llegó el 20 de agosto…