Arsenio Lupin, caballero ladron
Arsenio Lupin, caballero ladron —¿En qué? ¿El problema es acaso tan complicado?
—Muy complicado.
—Es que usted olvida los elementos de que nosotros disponemos para resolverlo.
—¿Qué elementos?
—Primero, Lupin se hace llamar señor R…
—Esa es una seña un poco vaga.
—Segundo, viaja solo.
—Si esta particularidad le basta a usted…
—Tercero, es rubio.
—Y luego, ¿qué?
—Luego, nosotros ya no tenemos más que consultar la lista de pasajeros y proceder por el sistema de eliminación.
Yo tenÃa esa lista en mi bolsillo. La tomé y me puse a examinarla.
—En primer lugar, noto que sólo hay trece personas cuya inicial llame nuestra atención.
—¿Trece solamente?
—En primera clase, sÃ. Y de esas trece personas cuya inicial es R…, como ustedes pueden comprobar, nueve vienen acompañadas de esposas, de niños o de criados. Quedan sólo cuatro personas aisladas: el marqués de Raverdan…
—Secretario de embajada… —interrumpió la señorita Nelly—. Yo le conozco.