Arsenio Lupin, caballero ladron
Arsenio Lupin, caballero ladron Y estos sueños, yo lo presentÃa, no ofuscaban en absoluto a Nelly. Sus ojos sonrientes me autorizaban a tenerlos. La dulzura de su voz me decÃa que esperase.
Y hasta el último momento, acodados sobre la baranda, permanecimos el uno junto al otro, mientras la lÃnea de las costas americanas desfilaba ante nosotros.
Las investigaciones habÃan sido interrumpidas. HabÃa un compás de espera. Desde las clases de primera hasta el entrepuente, donde hormigueaban los emigrantes, se esperaba el momento supremo en el que al fin se explicarÃa el enigma insoluble. ¿Quién era Arsenio Lupin? ¿Bajo qué nombre, bajo qué máscara se ocultaba el famoso Arsenio Lupin?
Y ese momento supremo llegó. VivirÃa yo cien años y no me olvidarÃa hasta del más Ãnfimo detalle.
—¡Qué pálida se encuentra usted, señorita Nelly! —le dije a mi compañera, que se apoyaba en mi brazo completamente desfallecida.
—¡Y usted! —me respondió ella—. ¡Ah!, ¡qué cambiado está usted!
—¡ImagÃnese! Este momento es apasionante, y yo me siento tan feliz de vivirlo junto a usted, señorita Nelly… Tal me parece que el recuerdo de usted se hará más profundo…