Arsenio Lupin, caballero ladron
Arsenio Lupin, caballero ladron Pero ella no escuchaba. Estaba palpitante y febril. La pasarela fue bajada. Pero antes que quedáramos en libertad de cruzarla, un grupo de personas subió a bordo; eran aduaneros, hombres de uniforme, personal de Correos.
La señorita Nelly balbució:
—Ahora descubrirán que Arsenio Lupin se ha escapado durante la travesÃa, y a mà no me sorprenderÃa.
—Quizá prefirió la muerte a la deshonra y se arrojó al Atlántico antes de ser detenido.
—No se rÃa usted —dijo ella, ruborizada.
De pronto sentà un estremecimiento, y al preguntarme ella, le dije:
—¿Ve usted aquel hombre pequeño y anciano en la extremidad de la pasarela?
—¿Aquel que lleva un paraguas y una levita color verde oliva?
—Ese hombre es Ganimard.
—¿Ganimard?
—SÃ, el célebre policÃa, el que ha jurado que detendrá a Arsenio Lupin con sus propias manos. ¡Ah! Ya comprendo porqué no ha habido informes de este lado del océano. Ganimard estaba aquÃ. Le gusta que nadie se ocupe de sus asuntitos.
—Entonces, Arsenio Lupin puede tener la seguridad de que será detenido.