Arsenio Lupin, caballero ladron
Arsenio Lupin, caballero ladron Se la di, pero era ya demasiado tarde para que pudiera servirse de ella. Rozaine pasaba ya. El oficial se inclinó sobre la oreja de Ganimard, éste alzó levemente los hombros y Rozaine siguió adelante.
Pero, entonces, Dios mÃo, ¿quién era Arsenio Lupin?
—Sà —dijo ella en voz alta—. ¿Quién?
Ya no quedaban más que una veintena de personas. Ella las observaba sucesivamente con el temor confuso de que una de ellas fue él entre aquellas veinte.
Yo dije:
—Ya no podemos esperar más tiempo.
Ella se adelantó y yo la seguÃ. Pero apenas habÃamos caminado diez pasos, cuando Ganimard nos cerró el paso.
—Bien, ¿qué ocurre? —exclamé yo.
—Un momento, señor. ¿Qué prisa tiene usted?
Y luego repitió con voz más imperiosa:
—Un momento, señor.
—Voy acompañado de esta señorita.
Ganimard me observó profundamente, y luego, clavando sus ojos en los mÃos, me dijo:
—Arsenio Lupin, ¿no es as�
Yo me eché a reÃr.
—No, yo soy Bernard de Andrézy simplemente.
—Bernard de Andrézy ha muerto hace tres años en Macedonia.