Arsenio Lupin, caballero ladron
Arsenio Lupin, caballero ladron Su mirada se tropezó con la mía, luego la bajó hacia la máquina de retratar que yo le había entregado. Hizo un ademán brusco y tuve la impresión, tuve la certidumbre, de que ella comprendió todo súbitamente. Sí, allí estaban, entre las paredes estrechas de cuero granulado negro, en las dobleces de aquel pequeño objeto que yo había tenido la precaución de depositar en sus manos antes que Ganimard me detuviera…; sí, era allí exactamente donde se encontraban los veinte mil francos de Rozaine y las perlas y los diamantes de lady Jerland.
¡Ah! Lo juro. En ese momento solemne, cuando Ganimard y dos de sus ayudantes me rodearon, todo me fue indiferente, tanto la detención como la hostilidad de las gentes…, todo excepto esto: la resolución que adoptaría la señorita Nelly respecto a lo que yo le había confiado.
Que hubiese contra mí esa prueba material y decisiva, yo ni pensaba siquiera en temerlo…; pero esa prueba, ¿se decidiría la señorita Nelly a proporcionarla?
¿Sería yo traicionado por ella, perdido por ella? ¿Procedería ella como un enemigo que no me perdonase, o bien como una mujer que me recuerda y cuyo desprecio se atenúa con un poco de indulgencia, con un poco de simpatía involuntaria?