Arsenio Lupin, caballero ladron
Arsenio Lupin, caballero ladron Ella pasó ante mÃ, yo la saludé muy bajo, sin una palabra. Mezclada a los demás pasajeros, se dirigió hacia la pasarela con mi máquina fotográfica en la mano.
«Sin duda —pensaba yo—, ella no se atreve a hacerlo en público. Será dentro de una hora, dentro de un instante que ella la entregará».
Pero, al llegar al medio de la pasarela, con un movimiento torpe y mal disimulado, dejó caer la máquina al agua entre el muro del muelle y el costado del navÃo.
Luego la vi alejarse.
Su bella silueta se perdió entre la multitud, volvió a aparecer y de nuevo desapareció. Todo habÃa terminado…, terminado para siempre. Por un instante, quedé inmóvil, triste y a la vez penetrado de una dulce ternura, y luego, con gran sorpresa de Ganimard, suspiré:
—Qué pena, a pesar de todo, el no ser un hombre honrado…
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