Arsenio Lupin, caballero ladron
Arsenio Lupin, caballero ladron Los dÃas pasaron. Al tercero, mientras leÃa sus periódicos, se estremeció de alegrÃa. El Réveil de Caudebec publicaba este suelto:
Tenemos el placer de que se encuentre entre nuestras murallas, pronto hará tres semanas, el inspector jefe Ganimard, uno de los veteranos del servicio de seguridad. El señor Ganimard, al cual la detención de Arsenio Lupin, su más reciente proeza, le ha valido fama en toda Europa, descansa aquà de sus prolongadas tareas, pescando gobios y brecas.
¡Ganimard! He ahà al auxiliar que buscaba el barón de Cahorn. ¿Quién mejor que el hábil y paciente Ganimard sabrÃa hacer malograr los proyectos de Lupin?
El barón ya no dudó más. Seis kilómetros separaban el castillo de la pequeña ciudad de Caudebec. Los recorrió con paso alegre, como un hombre estimulado por la esperanza de la seguridad.
Tras varios intentos infructuosos para descubrir la dirección del inspector jefe, se dirigió a las oficinas del Réveil, situadas en medio del muelle. Allà encontró al redactor que habÃa escrito la gacetilla, el cual, acercándose a la ventana, exclamó: