Arsenio Lupin, caballero ladron
Arsenio Lupin, caballero ladron —¿Ganimard? Puede estar usted seguro de encontrarle a lo largo del muelle, con la caña de pescar en la mano. Es allí donde yo entablé conocimiento con él y donde leí por casualidad su nombre grabado en la caña. Escuche, es aquel viejecito que se divisa allí, bajo los árboles del paseo.
—¿El que lleva una levita y sombrero de paja?
—Exactamente. ¡Ah! Es un tipo extraño, que no tiene nada de hablador y es más bien malhumorado.
Cinco minutos después, el barón se acercaba al célebre Ganimard, se presentaba a él y trataba de entablar conversación con el mismo. Pero no lo lograba. Entonces abordó con franqueza el asunto, y le expuso su caso.
El otro escuchó inmóvil, sin perder de vista los peces a los que acechaba; después volvió la cabeza hacia el barón, le miró de pies a cabeza y con un aire de profunda lástima dijo:
—Señor, no es en modo alguno costumbre de prevenir a las personas de que se las va a despojar de lo suyo. Arsenio Lupin, en particular, no comete semejantes errores.
—Sin embargo…