Arsenio Lupin, caballero ladron
Arsenio Lupin, caballero ladron —Nada que hacer.
—Pero esto es abominable, es monstruoso.
—Presente usted una denuncia.
—¿Y de qué servirá?
—Caramba. Haga la prueba… La justicia tiene recursos…
—La justicia… Pero usted lo ve por sà mismo… En este momento, usted podrÃa estar ya buscando un indicio, descubrir alguna cosa, y usted no se mueve siquiera.
—¡Descubrir algo con Arsenio Lupin! Pero, ¡querido señor, Arsenio Lupin jamás deja nada detrás de él! No hay casualidades con Arsenio Lupin. Estoy a punto de preguntarme si no habrá sido voluntariamente que se hizo detener por mà en América.
—¡Entonces, yo debo renunciar a mis cuadros, a todo! Pero si lo que él me ha robado son las perlas de mi colección. Yo darÃa una fortuna por recobrarlas. Si nada se puede contra él, entonces que diga el precio.
Ganimard le observó fijamente.
—Esas son palabras sensatas. ¿No las retira usted?
—No, no, no. Pero ¿por qué?
—Es una idea que se me ha ocurrido.
—¿Qué idea?