Arsenio Lupin, caballero ladron
Arsenio Lupin, caballero ladron —Ya volveremos a hablar de eso si la investigación no da resultado. Solamente que no diga usted una sola palabra de mÃ, si usted pretende que yo tenga éxito.
Y luego añadió entre dientes:
—Y además, verdaderamente, yo no tengo de qué vanagloriarme. Los dos agentes recobraban poco a poco el conocimiento, con ese aire atontado de quien sale de un sueño hipnótico. AbrÃan los ojos asombrados y trataban de comprender. Cuando Ganimard los interrogó, no se acordaban de nada.
—Sin embargo, ustedes debieron ver a alguien. ¿No?
—No.
—¿Recuerdan?
—No, no.
—¿Y no han bebido nada?
Reflexionaron, y uno de ellos respondió:
—SÃ, yo he bebido un poco de agua.
—¿Agua de esta botella?
—SÃ.
—Y yo también —declaró el segundo.
Ganimard observó el agua y la probó. No tenÃa ningún gusto especial, ningún olor.