Arsenio Lupin, caballero ladron
Arsenio Lupin, caballero ladron Era un poco después del mediodÃa cuando Ganimard fue llevado a la celda de Arsenio Lupin. Éste, tendido sobre su lecho, alzó la cabeza y lanzó un grito de alegrÃa.
—¡Ah, caramba! Esto es una verdadera sorpresa. ¡Ver aquà a mi querido Ganimard!
—El mismo en carne y hueso.
—En este retiro que yo mismo he escogido deseaba muchas cosas…, pero ninguna con tanta pasión como volver a verte.
—Eres demasiado amable.
—No; en absoluto, no; yo siento por ti la mayor estimación.
—Y yo me siento orgulloso de ello.
—Por mi parte siempre he creÃdo esto: Ganimard es nuestro mejor detective. Vale casi tanto…, ya ves que soy franco, vale tanto casi como Sherlock Holmes. Pero, en verdad, me siento desolado de no poder ofrecerte más que este banquillo. Y ni siquiera te puedo obsequiar con un refresco ni un vaso de cerveza. Perdóname, pero estoy aquà de paso…
Ganimard se sentó, sonriendo, y el prisionero reanudó la conversación diciendo: