Arsenio Lupin, caballero ladron

Arsenio Lupin, caballero ladron

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—El más ilustre de todos, el enemigo personal de Arsenio Lupin. En suma, el inspector Ganimard.

—¡Yo!

—Tú mismo, Ganimard. Y he aquí lo que hay de delicioso en todo ello: si tú vas allá y el barón se decide a hablar, acabarás por descubrir que tu deber te dicta el detenerte a ti mismo, como me detuviste a mí en América. ¡Vaya! Mi revancha resulta cómica: yo hago detener a Ganimard por el propio Ganimard.

Arsenio Lupin reía a mandíbula batiente. El inspector, bastante vejado, se mordía los labios. La broma no le parecía que mereciese tales accesos de alegría.

La llegada de un guardián de la prisión le dio ocasión de reponerse. El guardián traía la comida que Arsenio Lupin, por concesión especial, hacía que le sirvieran de un restaurante vecino. Una vez que hubo depositado la bandeja sobre la mesa, el guardián se retiró. Arsenio se instaló, partió el pan, comió dos o tres bocados y dijo:

—Pero estate tranquilo, mi querido Ganimard, tú no irás allá. Voy a revelarte una cosa que te dejará estupefacto: el asunto Cahorn está a punto de cerrarse.

—¡Cómo!

—A punto de cerrarse, te he dicho.

—Entonces, de ser así, me despido del jefe de Seguridad.


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