Arsenio Lupin, caballero ladron
Arsenio Lupin, caballero ladron —¿Y después qué? ¿Es que acaso el señor Dudouis sabe más sobre lo que me concierne que yo mismo? Sabrás que Ganimard… (perdóname), que el seudo Ganimard ha quedado en excelentes relaciones con el barón. Y éste (y ello es la razón principal de que nada haya confesado) le ha encargado de la muy delicada misión de negociar conmigo una transacción, y a esta hora, mediante una cierta suma, es probable que el barón haya entrado de nuevo en posesión de sus queridos juguetes. A cambio de lo cual retirará su denuncia. Por consiguiente, ya no hay robo. Y las autoridades tendrán entonces que abandonar…
Ganimard observó al detenido con aire estupefacto.
—¿Y cómo sabes tú todo eso?
—Acabo de recibir un despacho que yo esperaba.
—¿Acabas de recibir un despacho?
—Hace un instante. Por delicadeza no he querido leerlo en tu presencia. Pero si tú me autorizas…
—Te estás burlando de mÃ, Lupin.
—Ten la bondad, mi querido amigo, de decapitar este huevo pasado por agua. Comprobarás entonces por ti mismo que no me burlo de ti.