Arsenio Lupin, caballero ladron
Arsenio Lupin, caballero ladron —¿Qué ocurre? —dijo.
—Ganimard, olvidas tu reloj.
—¿Mi reloj?
—SÃ, se perdió dentro de mi bolsillo.
Se lo devolvió, presentando sus excusas:
—Perdóname…, es una mala costumbre que tengo… No es razón suficiente el que ellos me hayan quitado el mÃo para que yo te prive a ti del tuyo, tanto más cuanto que tengo aquà un cronómetro del que no tengo motivos de queja y que satisface enteramente a mis necesidades.
Sacó del cajón un voluminoso reloj de oro acompañado de una pesada cadena del mismo metal.
—¿Y éste de qué bolsillo procede? —preguntó Ganimard.
Arsenio Lupin examinó con indiferencia las iniciales.
—J. B… ¿De quién diablos puede ser?… ¡Ah, sÃ! Ya lo recuerdo. Es de Julio Bouvier, mi juez de instrucción…, un hombre encantador.