Arsenio Lupin, caballero ladron
Arsenio Lupin, caballero ladron Con ademán maquinal de fumador se lo puso junto a la oreja y lo hizo crujir. E inmediatamente lanzó una exclamación. El puro se había aplastado bajo la presión de los dedos. Lo examinó con mayor atención y no tardó en observar algo blanco entre las hojas de tabaco. Delicadamente, con ayuda de un alfiler, sacó un papel enrollado, muy fino y que apenas tenía el grueso de un palillo de dientes. Era una nota escrita. La desenvolvió y leyó estas palabras, trazadas con menuda escritura de mujer:
La cesta ha tomado el lugar de la otra Ocho de diez están preparadas. Apoyando el pie exterior, la placa se levanta de arriba abajo. De las doce a las dieciséis, todos los días esperará H-P. Pero ¿dónde? Respuesta inmediata. Estate tranquilo, tu amiga vela por ti.
El señor Dudouis reflexionó un instante, y dijo:
—Esto está suficientemente claro…, la cesta…, las ocho casillas…
De doce a dieciséis quiere decir de las doce del mediodía a las cuatro de la tarde.
—Pero y ese H-P, ¿qué esperará?