Arsenio Lupin, caballero ladron

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Esos coches carcelarios, llamados vulgarmente «cestas de ensalada», están divididos a lo largo por un pasillo central, sobre el cual se abren diez casillas: cinco a la derecha y cinco a la izquierda. Cada una de esas casillas está dispuesta en tal forma, que es preciso mantenerse sentado, y los cinco prisioneros correspondientes, además de no disponer cada uno más que de un lugar sumamente estrecho, están separados unos de otros por tabiques paralelos. Un guardián colocado al extremo vigila el pasillo.

Arsenio fue introducido en la tercera celda de dicho género y el pesado vehículo emprendió la marcha. Se dio cuenta que abandonaban la plaza del Horloge y que pasaban ante el Palacio de Justicia. Entonces, al llegar al medio del puente de Saint-Michel, apoyó el pie derecho, como siempre lo hacía cada vez que le llevaban ante el juez, sobre la placa de hierro laminado que cerraba su celda. Inmediatamente algo se desprendió y la placa de hierro se apartó insensiblemente. Comprobó luego que se encontraba entre las dos ruedas del carruaje. Esperó con los ojos al acecho. El coche subió al paso por el bulevar Saint-Michel. En la plaza de Saint-Germain se detuvo. El caballo de un camión se hallaba caído en tierra. El tránsito estaba interrumpido por esa causa, y muy pronto aquello se convirtió en un amontonamiento de coches y de ómnibus.


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