Arsenio Lupin, caballero ladron
Arsenio Lupin, caballero ladron —Vamos, hombre, siga su camino y hágalo rápidamente.
—Perdone, perdone. Es que mi camino pasa precisamente adentro de esa puerta. Y si usted le impide a Arsenio Lupin el franquearla, eso podrÃa costarle caro, amigo mÃo.
—¡Arsenio Lupin! ¿Qué canción es ésa que me canta usted?
—Lamento no tener aquà tarjetas mÃas —replicó Arsenio, fingiendo que hurgaba en sus bolsillos.
El guardia le miró de pies a cabeza como asombrado. Luego, sin decir palabra, como si lo hiciera contra su voluntad, tiró de la cuerda de una campanilla. La puerta de hierro se entreabrió.
Algunos minutos después, el director de la prisión acudió presuroso, gesticulando y fingiendo una cólera violenta. Arsenio sonrió, y dijo: